Bolivia devalúa el boliviano un 30% y pone fin a 15 años de tipo de cambio fijo en medio del silencio del Gobierno

Bolivia devalúa el boliviano un 30% y pone fin a 15 años de tipo de cambio fijo en medio del silencio del Gobierno

La Paz. Bolivia ingresó a una nueva etapa económica tras la aprobación de la Resolución Ministerial N.º 245, que oficializa el abandono del régimen de tipo de cambio fijo vigente desde noviembre de 2011. La medida, impulsada por el Gobierno del presidente Rodrigo Paz, eleva la cotización oficial del dólar de 6,96 a 9,73 bolivianos, lo que representa una devaluación cercana al 30%.

La decisión fue adoptada en un contexto marcado por la caída de las Reservas Internacionales Netas, la escasez de dólares y una creciente brecha entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo. Según los datos expuestos en la resolución, las reservas pasaron de 15.123 millones de dólares en 2015 a 4.546,8 millones en mayo de 2026, mientras que el dólar paralelo llegó a cotizar hasta 20 bolivianos durante 2025.

El documento oficial sostiene que el nuevo régimen cambiario flexible busca corregir los desequilibrios económicos, reducir la brecha cambiaria y preservar la estabilidad macroeconómica, delegando al Banco Central de Bolivia la ejecución de la transición.

Sin embargo, la medida también ha generado fuertes cuestionamientos por la forma en que fue comunicada. Pese a tratarse de una de las decisiones económicas más relevantes de las últimas décadas, ni el presidente Rodrigo Paz ni el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, ofrecieron una explicación pública tras la emisión de la resolución, dejando incertidumbre sobre los efectos que tendrá en la inflación, el costo de vida, las importaciones y el poder adquisitivo de los bolivianos.

Diversos analistas consideran que el cambio marca un punto de inflexión en la política económica nacional e incluso lo comparan, por su alcance, con el Decreto Supremo 21060 de 1985, que transformó el modelo económico del país. La flexibilización cambiaria abre una nueva etapa para Bolivia, pero también plantea desafíos para la estabilidad de precios, la confianza de los mercados y la recuperación del acceso a divisas.

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